domingo, 3 de septiembre de 2017

Turistópico

Un pájaro no canta porque tenga una respuesta. Canta porque tiene una canción.

Acabo de descubrir esta frase.

La he leído como una cita de Maya Angelou, pero haciendo una curación de contenido, que a veces considero enfermiza en mí, he descubierto que parafraseaba un proverbio chino.

Me ha llevado unos 5 minutos.

No hubiera pasado nada si cito la frase y se la atribuyo a otro autor, a nadie le iba a provocar odio hacia una raza, fe, país, estatus social... pero me he tomado ese tiempo en forjar mi credibilidad y darle al César lo que es suyo.

Igual como sociedad nos faltan 5 minutos siempre.

Por 17€ he adquirido unos auriculares bluetooth maravillosos: los SoundPEATS.

Estaban de oferta.

Entre mis prioridades para elegirlos estaba el que fueran aislantes de verdad, no creo que el que me acompaña en el Cercanías deba escuchar la música que le imponga yo, que al parecer ya no es mala educación sino moda.

Como parte de mi recuperación tras el último infarto está el ejercicio aeróbico, y como la oficina de Correos queda un pelín alejada de mi casa por un desnivel de más de 100m, aprovecho para correr un poco, quemar grasa y coger fondo, lo justo, pero noto los avances.

No es que reciba mucho paquete, pero no perdono ni una ocasión.

En un alarde de mejoría envié a mi madre una foto desde la parte baja de la Cuesta de los Ciegos, y al minuto una foto desde la parte alta.

Le impresionó más no conocer la estatua de La Violetera que está en lo alto de esa escalinata sin fin que mi logro físico, y casi fue mejor.

Fue mejor porque les propuse a ella, a Néstor y a mi hermana (que no pudo venir), darles una vuelta por el centro de Madrid, para enseñarles rincones tan emblemáticos como ese que quedan borrosos frente a las pantallas de nuestros móviles, o alejados de nuestra atención por no pisar una caca de perro.

Carmen como era de esperar dijo '¡Planazo!' en cuanto supo que el itinerario incluía La Ricla.

Y así fue como pasamos ayer un sábado maravilloso, desayunando serranitos sevillanos, haciendo bookcrossing, averiguando en Wikipedia por qué se llama la Cuesta de los Ciegos esa escalera infernal, ojeando la cúpula de San Francisco el Grande, el Colegio Episcopal, visitando la muralla árabe que pasa por debajo de la Cava Baja, recorriendo el museo que poca gente conoce sobre los orígenes de Madrid, averiguando de dónde procede el nombre La Latina, comiendo croquetas tigre y crujiente de rabo de toro en La Posada del Dragón, callos y mojama en La Ricla, bacalao en La Revoltosa y un helado natural en Mama Elba... el turisteo chico, el turisteo.

Entre que madrugamos muchísimo para ser sábado y que por ser el primer fin de semana de septiembre la gente está más pendiente de hacer lavadoras que de salir a pasear, estuvimos paseando un centro casi vacio.

Después cada mochuelo a su olivo y Carmen y yo a leer a la fresca durante 2 maravillosas horas... hasta que nuestros nuevos vecinos rumanos decidieron que ya habíamos tenido suficiente paz.

Me flipa mirar a Carmen mientras lee, aunque esto ya lo he dicho antes, no me cansa.
He comprado esta mañana 'Buena suerte, Belafonte' de Pablo Vázquez y Roberto López Toledo.... y se lo ha cepillado en ese rato.

- Es que tiene la letra muy grande - dice.
Me la como.

Por fin tras muchos años me he enfrentado a 'Playa de Acero' de John Varley, un libro con el que puedes calzar un coche para cambiarle una rueda que se me antojó cuando se pagaba en pesetas, y que me leo ahora que un mileurista es un pudiente.

Junto al videojuego Fallout4 (que por fin terminé tras 271 horas  y 36 minutos) trata de un futuro distópico, pero a Carmen lo que le preocupa es que yo diga distópico muy a menudo.

Para ella es como si me hubiera aprendido esa palabra hace poco y necesitara decirla mucho.
Me hace gracia, porque no sé cómo resumirle a nadie la temática del juego o del libro sin decirlo y sin darle la chapa de su vida.

Si nos ceñimos a la definición vivimos en una.

Llevo 3 días procrastinando hacer ejercicio y hoy domingo toca, así que allá voy, abandono esta entrada para someterme a una rutina quematapasdelcentro, que además me hace culillo.

En la foto se puede apreciar cómo Néstor controla a la perfección el plandid de Instagram y por qué las risas abundan en mi vida.

martes, 29 de agosto de 2017

No estaba muerto

Como decíamos ayer...

He superado, más o menos, un nuevo infarto óseo en la cadera.

Una situación familiar de alta tensión emocional, a finales de octubre, provocó que me pegara un tercer zapatazo en el lado derecho.

He llevado mal la incertidumbre de mi futuro porque los dos infartos anteriores desembocaron en perdidas de pareja, de proyectos y trabajos, de dinero y de estabilidad emocional... pero creo que llevé aún peor tener que dejar de hacer ejercicio.

Estaba encantado con el crosstraining que acababa de empezar, con el club AUT, con conocer gente nueva en una actividad distinta e íntima, con haber sacado valor, tiempo y decisión... y con los resultados.

Ojo, que estuve meses de agujetas ¡diarias! y no exagero.
He llegado a rodar por la cama para bajarme de ella y nunca quise abandonar. Porque me dolía el cuerpo a renacer, a crecimiento, a que recuperaba los dos años y seis meses de convalecencia anteriores.

No podía decir lo mismo cada vez que empezaba un entrenamiento. En todos y cada uno de ellos me preguntaba si había necesidad de sufrir tanto y el abandono me parecía una opción más que lógica.

No hay recompensa sin esfuerzo y el entrenador era maravilloso provocando en mí ilusión.

Así que un infarto más, el tercero, me obligo a proteger mi actividad, mi dieta, mis pensamientos, y poner en práctica todo lo que había aprendido de los dos anteriores.

Carga en el tren inferior cero, estrés nulo, amor, nada de grasa, paciencia en vena, medicación, vitaminas, colágeno, mucha agua y estiramientos dolorosos para provocar riego sanguíneo en la zona.

Reduje la lesión a menos de un año y nunca llegué a coger muletas como las veces anteriores.

Lo que sí cogí fueron kilos, muchos para mi gusto.

Llegué a pesar los 84kg cuando ya estaba en 78kg y bajando.

Me deprimió un poco.

Me sentía desdichado y en mi cabeza se dibujaba un futuro, no muy lejano, con bastón, o en silla de ruedas, o con intervenciones quirúrgicas en las que no tengo ninguna fe.

Como decía me siento casi recuperado, y aunque cada vez menos, esa imagen sigue en mi cabeza.

Lo bonito de mi blog personal, público, es que me ayuda a repensar.

No moldeo cada palabra para acercarme a lo que realmente pienso, que también, sino que al leer lo que escribo tengo la oportunidar de redimir mi pensamiento, y me escucho.

Me someto a examen y el problema es ese, que me pongo nota también yo y no sé cómo se hace bien.
Aunque ha habido otros jueces que eran bastante peores que yo, ellos ni dudaban si lo hacían bien o mal.
Ni se lo cuestionaban.

No me someto a examen para ser políticamente correcto al expresarme, sino para ver si hay en mí detalles que rechazaría en otros, y corregirme en consecuencia.

No quiero ser lo que critico y no es fácil.
Pero nunca pretendió serlo.

De hecho pretendía ser más un diario que un diván y me gustaba la forma que tomó al final.
Debo recuperar el estilo que me divertía al escribirlo, porque esta entrada dista mucho de aquellas que contaron mi temporada 2015-16.

Esta etapa bloguera me pilla desganado, pero lo voy a intentar, sin la vehemencia de la anterior, pero lo voy a intentar.

Siempre me resultó divertido y ameno, era comparable a hacer ejercicio, me descargaba y entrenaba el cerebro.

Cerebro.
Cerebro.
Cerebro.

Bueno pues ya he calentado, a ver si mañana tengo agujetas en él.

La foto es falsa, sigo vivo.

martes, 23 de agosto de 2016

Gazpacho de sandía

No recuerdo si lo leí, ni si me la mencionaron, no sé dónde oí su nombre, tampoco he investigado sobre si la receta es de otra manera, simplemente estaba en mi cabeza y la he ejecutado como me ha pedido el cuerpo.

Herramientas:
- Batidora
- Chino o colador fino

Ingredientes:
- 1'5kg de sandía limpia y pelada
- 1/2 barra de pan duro
- 1 pimiento verde
- 1/3 de cebolla mediana
- 1 diente de ajo
- 1 vaso pequeño de aceite
- Agua
- Sal
- Vinagre

Preparación:
En una olla echamos el pan y tanta agua como para que el pan la absorba y quede muy empapado.
Este cálculo es a ojo y no es poca agua... en vuestras manos está.

Después en la misma olla volcamos el resto de ingredientes cortados en trozos para facilitar el trabajo de la batidora, incluyendo el aceite aunque no se pueda cortar.

Sal y vinagre al gusto... yo no abusaría del vinagre.

Batir, mucho, aunque lo veas todo hecho una sopa sigue, que liga mejor.

Una vez terminado pásalo por el chino, o el colador fino, y a la nevera con el resultado.

Ya tienes un extrañísimo, refrescante y bien rico gazpacho de sandía.

P.D. Antes de servir asegúrate de removerlo por si no conseguiste ligarlo bien.

jueves, 14 de julio de 2016

Sonría, por favor

- No estoy mayor, estas arrugas de expresion son de reírme.
- Pues tienes pinta de llevar riéndote 40 años.

Probaré suerte en Twitter con ese chiste que mi ociosa cabeza os brinda.
Los tengo peores.

No desayuné ayer.
Fui desde la cama (escribiendo el blog) a la playa.
No había nadie, el día pintaba regulero, el mar picado con levante fuertecito y me puse a leer al sol de las 9:30h.

Ya sabéis cómo se las gasta el culturista-cultureta-blanco como la leche, aumenté las repeticiones de los fondos y las series entre capítulo y capítulo del libro.

Hasta que levanté la cabeza y a escasos 15m había un Pepito Piscinas como un cruasán de fuerte, moreno, armado de músculos, en sus 40 y pico largos, mirando mi rutina... me sentí desnudito, blanquito y desnudito.

Seguí leyendo, pero no volví a forzar un músculo, por si Mazinger me juzgaba.

Cuando empecé a despistarme en la lectura me di un paseo para reservar inmersión en el centro de buceo.

De camino coincidí con Nuria, una niña de la pandilla de cuando éramos pequeños, una niña de 34 años hoy.
Me reconoció ella.
Casualmente venía de apuntarse a un bautismo en el mismo centro de buceo al que yo iba.

Quedamos en tomar café un día de estos.

Reservé inmersión, me bañé en la piscina, aperitiveé, tomé pulpo seco y me fui a echar una siesta.

Cuando aperitiveé pasó algo que me pareció absolutamente genial.
La dueña me dijo:

- Tranquilo, ahora lo soluciono.

Yo no sabía de qué hablaba, cogió cinta aislante y una servilleta, preparó un parche de un palmo y se fue... al rato apareció en un cristal de la puerta de entrada, y estudiando la incidencia del sol en el parabrisas de un coche aparcado plantó el parche para evitar los reflejos solares en mi cara.

¡Yo ni lo había notado!
Los pequeños detalles crean la excelencia.

Desperté pronto de la siesta porque la eché pronto, aunque fueron casi dos horas, y me fui a la playa a seguir leyendo.

Anita me llamó por teléfono y estuve paseando por la feria que han plantado aquí en la playa del pueblo mientras hablaba con ella.

Colgué, busqué mi hueco en la playa, porque el de la vida no lo encuentro, y seguí leyendo.

Esta vez en lugar de Pepito Piscinas estaba un grupo de adolescentes a las que las hormonas del pollo habían dotado de tetas gordas.
Era inevitable fijarse.

Una de ellas gritaba mucho, hablaban de política:

- En España no hay corrupción por culpa de los políticos, hay corrupción por culpa de los españoles, que somos así.

Amén.

Terminé el libro que me regalo mi tío en su momento y me volví a la piscina, estaba asado y no me apetecía meterme en el mar dejando mis cosas entre tanta gente.

El libro cojonudo por cierto, una maravilla.

Así hago yo las críticas literarias.
Nunca me había leído un libro en un día. Mola.

Me fui a casa, me duché y me puse pretty pero abrigado porque el levante seguía zuzando, bajé a ver el atardecer con una cerveza y un nuevo libro: El arte de no amargarse la vida.

Me lo trajo Sonia, así encajaré las cosas mejor, pero de momento el libro parece ayudarme a entender la situación de Carmen.
Dos pajaros de un tiro.

Lo he forrado con publicidad de unos cerramientos en carpintería de aluminio.

¿Que por qué? ¿En serio?
¡El título puede estropear aún más la imagen del culturista-cultureta-blanco como la leche!

- Pobre chico, se notaba que muy bien no anda.

¡LÓGICO!

Mi Whatsapp rebosaba mensajes pero no me apetecía pegar la cabeza en el móvil hasta responder a todos, así que los dejé para hoy.
Casi todo el mundo es muy agradable pero no tenía ganas, llevaba el día emocionalmente controlado y no quería estropearlo.

Se fue el sol y me fui a cenar al mismo restaurante de los detalles excelentes.

En el restaurante ya me hacen bromas, me reservan sitio, me llaman por mi nombre y me cuentan sus cosas.
Hay un camarero que hizo electrónica y la dueña tiene dos críos. Uno no la (¿le?) deja dormir.

Chirlas y salmonete plancha sin abrir.
Exquisiteces.

A dormir, que mañana hay buceo y quiero salir a correr antes.

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A las 6:40h han decidido romperles los tímpanos a los perros y despertar a las personas con cohetazos cada minuto, o dos.

En serio, un bombardeo. Este pueblo es tan orgulloso que olvida que vive de las vacaciones de los demás, así que les importa tres cojones si hay perretes, niños, o jóvenos como yo durmiendo.

Me la bufa, tenía el despertador a las 7h.

Me he ido a correr y al kilometro y medio, en menos de 10', casi me muero.
Parón y media vuelta.

¿Veinte minutos corriendo a las 7h de la mañana? Not bad... para un tipo como yo.

Me he dado una ducha fría, porque mi calentador no funciona, y me he ido a desayunar con la banda del pueblo interpretando el supercalifragilisticoespialidoso.

Parece todo una broma de cámara oculta, con bastante gracia diría.

En el centro de buceo éramos seis.
Mi divemaster habitual me ha plantado una botella de 15 litros en lugar de 12, porque el resto tiene curriculum y casi no consumen aire bajo el agua, dice.

Ha sonado a: toma anda, aire de sobra, que capaz eres de quedarte sin aire y joderle la inmersión al resto.

La inmersión ha sido brutal, 66' bajo el mar y con una vida espectacular a pesar de una visibilidad regulera, meros, petos, barracudas, congrios, cangrejos, castañuelas, sargos, jureles, vaquitas suizas, nudibranquios, dentones, loros, estrellas, me ha sobrado muchísimo aire aun llevando botella de 15 litros y mayor lastre, he notado mi trim perfecto, el compañero era excelente, el divemaster más y he llegado a bucear vertical sin moverme aprovechando una corriente.

Mi compañero iba con camarón de fotos y me ha hecho un reportaje, yo a cambio le he roto la linterna.
Ha sido un accidente, pero se la he roto.

Así doy yo las gracias.

Por cierto, las fiestas del pueblo son las de la Virgen del Carmen.

Lo que te digo, una cámara oculta todo.

Voy a comerme un plátanERVEZA.

miércoles, 13 de julio de 2016

C-a-la-mierda

Spagett ha muerto.

El erizo de More MEro que entre todos intentamos salvar con el crowdfunding ha sido eutanasiado.
Vaya mierda.

Sonia ha fregado mi terraza.
Mi terraza tenía más mierda que once jamones.
No me preocupa mi terraza.

Terraza.

Hemos ido a desayunar y después he disfrutado de una terapia de dos o tres horas sobre el mismo asunto.

Nos dimos un baño en el mar.

El mar estaba cristalino y las medusas deben estar de vacaciones, salvo por una capa de mierda que se acercó por la superficie hacia nosotros se puede decir que está el mar insultantemente bonito.

Sonia se tenía que ir de nuevo a su realidad, de camino al coche yo pensaba que deberíamos habernos bañado más y hablado menos.
Por ella, por mí todo me apetece por igual: una mierda.

Antes de llegar paramos a tomar una caña, que en mi caso fueron tres, en el mejor sitio que hay aquí: El Cucas.

El Cucas abre una semana y cierra otra porque el cocinero y marido de la dueña está recibiendo quimioterapia.
Por lo visto, y no sé si la fuente es fiable al 100%, está luchando contra una metástasis estilo Atila.
Pobre, eso sí que es una mierda.

Por fin pude reírme un rato de verdad y fue a mi costa, sobre mi desgracia, Sonia hizo sangre de mi situación con humor y hasta decidí hacer la típica foto de 'Aquí, sufriendo' para Facebook.

Es divertido ver cómo hay gente que lo pilla y gente que no.

Subió al coche y se fue.

Vuelvo a estar solito con mis demonios.

Intenté leer.
No pude.

Intenté dormir.
No pude.

Me llamó mi amigo Julio por teléfono.

Me llamó mi amiga Mary Solomary por teléfono.

Me fui a un chiringo mientras María dejaba la oreja abierta y yo hablaba.

Entre charla y charla me tomé tres jarras de cerveza, la conversación superó las dos horas.
No sé si es ella que lo provoca o soy yo, pero no suelo perder nunca el humor y me gusta hacer reír sobre mi contratiempo, fue un rato bastante divertido.

Colgamos.

Salí del chiringo directo a la playa cuando me agobió la gente y sus sombrillas... giré en seco y decidí que en la piscina estaría mejor.

No llegué.

En el chiringo entre mi posición y la piscina estaban Alfredo (el del cumpleaños del otro día) y su familia.
Me uní a su momento copazo y tomé otra jarra.

Me confesaron que habían pensado que Sonia era mi querida, y flipaban con la rapidez de mi recuperación amorosa.
Tuve que sacar hasta conversaciones de Whatsapp para demostrar que no... por un lado me hizo gracia, por otro regu.

Quería irme a duchar y a cenar.
No pude.

Esta vez no pude porque me invitaron a su casa, no porque mis demonios me revolotearan. No tenía excusa ¿con quién podía decir que había quedado?

Me pusieron un copazo y un puro en un noveno.

Hablamos de los pequeños placeres de la vida. No lo hice con muchas ganas, dentro de mí había una bola de espinos.
Fueron muy simpáticos.

Me pusieron otra copa.

Yo miraba el reloj porque quería cenar solo, en El Cucas, y la copa no bajaba.
Apuré.

En un momento que fui a recoger del suelo un juguete de su hijo se me cayeron las gafas de sol al suelo.

Crash.

Ya no tengo gafas de sol.
Mierda.

Agradecí la hospitalidad y me fui.

Me vestí como Superman se desviste y bajé a cenar.

Me notaba ebrio.

Me dejaron cenar a pesar de ser más de las 23h.

Cocochas al pil pil y calamar sucio.
Muy muy rico.
Nada que ver con el calamar de un kilo de la foto que Sonia devolvió al mar.
Diferente.
Dos cervezas acompañaron mi cena y para cerrar un orujo blanco.

Mi regreso a casa, con la ropa que había comprado con Carmen la semana pasada, fue triste y aturdido, y eso que eran 200m.

Me había comprado esa ropa para lucirla con ella aquí, era el estilo que a ella le gustaba en un tío, era mi traje de boda y me sentía plantado en el altar.

Cada día que pasaba a su lado encontraba un motivo para quererla más, y cada día que pasaba sin ella porque trabajaba fuera encontraba un motivo para echarla de menos. En esta nueva situación encuentro cada día un motivo menos para quererla de vuelta.

A la mierda, me voy a la playa, calamar.

martes, 12 de julio de 2016

Copiloto

Creo que practicar senderismo es como comer fruta, a todos nos gusta pero nos da pereza.

Este pensamiento fue relevante para mí el otro día, lo tengo apuntado en mi bloc de notas, mientras celebraba el cumpleaños de Alfredo en la playa con la mejor sonrisa posible del momento que atravieso.

¿Qué tal? ¿Mola la frase? Valiente gilipollez, está claro que relevante no es y tampoco es la piedra filosofal del humanismo, pero ahí está, apuntadita.

También vimos una estrella fugaz del tamaño de Jupiter rozando la Tierra.
Los que la vimos gritamos, señalamos al cielo y nos atragantamos con nuestras Coca-Cola Zero, porque fue enorme.

No sé si alguien pidió un deseo, yo sólo pensé que a ella le hubiera gustado verla... y luego llegué a la conclusión del senderismo y la fruta.
Así hilo yo.

Mi amiga Sonia se ha tragado 500km desde Madrid para hacerme compañía y bucear conmigo.

Se mareó, no compensó bien, se desequilibró por llevar pesos mal repartidos y terminó la segunda inmersión cogiendo piedras para poder hundirse y vomitando por la borda del barco a 9'50 nudos por hora.

Pero le gustó la experiencia, el centro de buceo, y al calamar de un kilo que nos comimos la noche anterior también le gustó volver al mar.

La primera inmersión fue para ver peces luna, también conocidos como Mola-Mola, pero no hubo ninguno.
Siempre que voy yo no hay.
Lo que sí hubo fue una corriente preciosa que nos comió el aire a todos y la inmersión duró 34'.

Y en la segunda se me manchó de crema un ojo de la máscara cuando ya estaba BAAAAAJO DEL MAAAAAAR y estuve 15' intentando limpiarla hasta que gracias a que Encarni (la Divemaster) llevaba una de repuesto, cambié de máscara a 17m de profundidad.
No disfruté mas que el principio, un juego de luces precioso desde una grieta en la montaña a la que se accede a 9m bajo la superficie.
El resto estuve con la idea en la cabeza de que toda mi actual felicidad, mi estabilidad, mi hogar, mi construcción, están en manos de una persona que dice atravesar el más duro bache psicológico de su vida y su presunta ayuda profesional... que no me conoce en absoluto ni sabe quién soy.

Muy tranquilizador bajo el agua.

Y fuera de ella también.

Ante este panorama que obvia cualquier dolencia que me haya acarreado a mí todo esto, desde hace mucho más tiempo que una semana, recibo consejos como:

- Paciencia
- Dale tiempo
- Seguro que es una chorrada
- Tienes que entenderla

Y a mí que me follen.
Pues mira, sí, les haré caso.
Porque no me queda otra.

De ella aprendí la bondad, la actitud serena, la sonrisa sempiterna, la incondicionalidad del cariño y a ese movimiento lo llamamos Pichuttitude.

El Pichuísmo es la fe y la Pichuttitude su doctrina. Llevo siendo pichuista unos años y me va bien.

Ya lo he comentado en varias entradas, cuando algo me descolocaba y necesitaba saber cómo actuar yo pensaba ¿qué haría Carmen en mi lugar? así que seguiré con mi fe hasta que un nuevo Nietzsche me diga que mi dios ha muerto.

Sin olvidarme de desarrollar un poco el amor propio, que los que en ocasiones tenemos dudas de fe necesitamos un poco de ciencia también.

Lei una frase genial el otro día en el muro de mi amigo Carlos Coronil.
Carlos era el dueño del bar de la alegría en Madrid, el Pequeños Placeres.
La ideología del local era repartir sonrisas y felicidad, era un lugar donde se respiraba buenrollismo, plagado de mensajes y respuestas positivas.

Estos datos que aporto no son relevantes, son porque admiraba su concepto de negocio y quería que os molara como me molaba a mí.
Se cerró por la mala gestión de la Administración Botella y posteriormente la de Carmena.
Una pena.

La frase es de Alberto Espinosa:

"Si el cuerpo come cosas que no son sanas y las convierte en velocidad y en energía... El alma puede llegar a hacer lo mismo con las malas experiencias del corazón..."

Esto es así.
Una verdad como un templo que no sólo voy a poner en práctica, sino que os invito a practicar conmigo.

También le he estado dando vueltas a que por norma general, en los accidentes de coche, el gesto de autoprotección del conductor mata al copiloto.

Y aunque no consuela lo más mínimo ayuda a entender el egoismo de las reacciones impulsivas del último momento.

Tras la siesta mi amiga María Luján me escribió desde Berlín, para bajarse desde allí a estar conmigo, pero al final no pudo ser. Lástima, hubiera batido el record de amigas macizas que se pegan cientos y miles de kilometros por darme mimo y apoyo.

Porque... que yo esté en la playa no influye... ¿no? 😂

Hubiera molado y se lo agradezco muchísimo.

Sonia y yo jugamos al billar, yo bailé reggaeton, tuvimos dudas sobre laísmos y leísmos, Sonia ganó al billar, yo dejé de bailar reguetón.

En la orilla de la playa coincidí con la que fue la portera del edificio donde casi naci, Delia, aquí en Torrenueva.
Se deshizo en besos y elogios.
Qué suerte recibir cariño espontáneo así.

Se fue el sol, Sonia y yo nos pusimos guapos y salimos a cenar.

Tomamos helado viendo la luna reflejada en el mar y me acosté con una taquicardia fuerte.

Hoy me he despertado a las 7h, soy conciente de no haber felicitado el cumpleaños a mi superamiga Mary Solomary, de no querer responder whatsapps que preguntan '¿Qué tal?¿Mejor?' mientras estoy con Sonia, y me siento pelín mal por ello pero se me perdona hasta que se vaya.

La foto es de mi nuevo bañador.
Es friki al máximo pero nadie se da cuenta, pasa por bañador chulo y yo tan frikiliz.

Mi amigo More MEro ha pedido dinero para salvar a su erizo Spagett, está muy enfermo y More pelado, pero lo adora, así que participé en el crowdfunding y Spagett se ha salvado.

Me pregunto dónde estará esa campaña del verano tan famosa, la del 'No lo abandones, el nunca lo haría', porque ¡se me están acabando los argumentos! :)

domingo, 10 de julio de 2016

Casiopea

Tras un viaje agitadillo finalmente llego a Motril.
Hubo hasta un rezo en la madrugada, o era un politono árabe, no lo sé, pero se os hubiera quedado el culo torcido a las 3h de la mañana si escucháis eso.
Después hubo cambio de conductor, y el nuevo pidió a los que supieran llegar a la estación de autobuses que se sentaran a su lado para indicarle.
ALSA por dios, cómprale un GPS a este señor.
Agradezco el viaje porque ya tengo una anécdota más.

Me siento en la calle a las 5:30h junto a mis dos maletones y asumo las dos largas horas de espera.

Me llama Carmen.

No le queda otra que llamar si quiere hablar conmigo porque he decidido bloquear cualquier comunicación escrita con ella, creo que no merezco otra cosa que palabras al oído o a la cara, y aunque escribir puede ayudarla a expresar un pensamiento he decidido que lo mejor para mí es hacerme respetar un poquito.

Aquí viene el giro dramático de la situación.

En su llamada retira que yo la haya tratado mal, asegura que no lo ha dicho nunca, me exculpa y elimina mi responsabilidad en los hechos.

Yo creo que en pareja los porcentajes totales no existen, pero vale.
Escucho.

Al parecer no se encuentra bien, dice estar desbordada por su situación familiar, cree identificar una depresión en sus actos y en sus pensamientos que al parecer son muy negativos.
Dice no reconocerse.
Yo tampoco la verdad.

Asume que no fue capaz de comunicarme lo que la afectaba, tanto externamente como por mi parte, que lo acumuló y explotó, llevándome por delante.

Que siente haberme hecho daño, que no sabe si podré perdonárselo, que no quiere hablar con nadie, que todo lo ha hecho mal.

Claramente tiene pensamientos negativos, pero al menos yo obtengo una explicación más lógica que las del aeropuerto, el coche o la boda que me daba ayer.

Aunque dice que va a apoyarse en profesionales, porque cuando uno tiene un catarro va al otorrinolaringólogo y si tiene un catarro mental va al psicólogo, no parece recular en su decisión.
Sigo sobrando en su ecuación.

Yo sigo muy descolocado.

Mi sensación es que a ella le ha superado una situación, y en lugar de enfrentarse a los que la han provocado ha decidido llevarse por delante a su apoyo.

Es como si llego tan muerto de sueño a casa que rompo la cama antes de echarme.

Es mi sensación.

También creo que si en todo mi apoyo cometí errores merecía ser advertido, para mejorar o para dar explicaciones, hubiéramos ganado todos.

Tras casi una hora acabé dándole consejos para que se calmara, se tranquilizara y se apoyara en sus amistades, que no se regodeara en su mierda, que no iba a servir mas que para que sus cercanos pensaran que está llamando la atención, y para que los amigos le reprocharan su falta de confianza en ellos.

Ahí estaba yo, en la puta calle literalmente, con mis dos maletas, de madrugada, dando consejos telefónicos a quien me había dejado en la puta calle metafóricamente, con mis dos maletas.

Mi sino.

Desde luego lo último que esperaba era que la persona en la que más confiaba cogiera mi hogar y esa confianza y las triturara de un mazazo.

Tras escucharla entre llantos y sollozos decido finalizar la conversación, le deseo una pronta mejoría y me voy a tomar un café.

La Cafetería Johnny había abierto.

Cojo por fin el bus, llego a Torrenueva, organizo mis maletas en los armarios y activo el protocolo de actividades evasivas.

Me acerco al centro de buceo, reservo inmersiones para mañana lunes, para dos personas, y es que mi amiga Sonia se baja a verme por petición de su marido.

Monumento a ese hombre YA.

Desayuno frente al mar.
Me acerco a la playa a tomar el sol y a leer.

No hay peligro, me embadurné en protectores solares al salir de casa.

Entre capítulo y capítulo hacía fondos, también abdominales, y me refrescaba en el mar que estaba cristalino.

Tengo tanto miedo a las medusas que sólo me metía hasta la cintura.

Había dos mujeres cerca de mi toalla que seguramente disfrutaron el show del culturista cultureta blanco como la leche que se metía hasta la cintura en el mar.

No creo que interpretaran que estaba temeroso de las medusas, seguramente pensaron que el culturista cultureta blanco como la leche se estaba meando en la puta orilla, el muy guarro.

Terminé el libro.

Leí unas cuantas muestras de apoyo en mi teléfono, algunas inesperadísimas pero en general todas muy cariñosas, a las que respondí que estaba bien porque al menos tenía una explicación más lógica que medio día antes.

Me tomé unas cañas con tapa, solito, me bañé en la piscina, cambié de libro, luego tome cañas acompañado de unas amistades de por aquí, volví a casa a echarme una minisiesta, ayudé a las mismas amistades a bajar comida y bebida a la playa para celebrar el cumpleaños de uno de ellos y hasta las 6h no volví a casa.

Estaba tranquilo, al menos tenía una explicación.

Tenía una explicación.

Aha.

...

Me he despertado enfadado.

Ayer tenía una explicación, pero por lo que sea hoy no me vale.

Me siento mal, quiero la hoja de reclamaciones, esto no es lo que yo había pedido y no es por lo que yo he pagado.

Creo que 'la señora de la que usted me habla' no es consciente de la magnitud de su impulsivo acto.
También empiezo a pensar que de impulsivo nada.
Creo que me han timado...

Me voy a tomar una tapa.

En el libro Momo camina despacio por la calle Jamás junto a la tortuga Casiopea, y cuanto más despacio camina por ella más rápido avanza.

Creo que es un mensaje.

Creo que es claramente un mensaje oculto y debo descifrarlo... si me deja el cabreo de mono que llevo en lo alto.

sábado, 9 de julio de 2016

7 horas

Hace unas semanas el dedo de un amigo me eligió para un trabajo.
Hace unas semanas recuperé la parte más real de mi habitual sonrisa.

Me lamenté porque coincidía con parte de las vacaciones de Carmen, ya sabéis, estaba en pleno tramite de cambio de curro y buscando coche.
Pero me sentía bien.
Sabía que a Carmen le apetecía que yo tuviera trabajo, más allá de que económicamente yo podía aguantar hasta un año más sin él, y por qué no decirlo, porque mola.

Lamentablemente, y por circunstancias probadas que no me atañen, fui despedido.

Estuve fuerte, me mantuve animado, no quise mostrar más debilidad que la que se me escapara.

Casi un mes más tarde me dieron los datos para apuntarme al paro y decidí no hacerlo, no hasta pasar lo que le quedaban de vacaciones a Carmen, bastante mala suerte era haber coincidido con sus vacaciones, bastante mala suerte ser despedido y bastante mala suerte sería que me saliera un curso o un curro en el plazo de un mes.
Me lo puedo permitir.

Preparamos nuestro viaje a mi casa de Torrenueva a finales de julio, en base a la boda de sus amigos en Edimburgo y a que mi hermana también ocuparía la casa que tenemos en común en Torrenueva, pero la última semana.

Las fechas son irrelevantes, nunca cuadran si son fechas de los demás, no las recordamos y no nos importan a menos que sean muy muy concretas y dan pereza, pero cuento esto para dejar claro que en ningún caso elegí un solo día de las maravillosas vacaciones que estoy a punto de disfrutar.

Me encuentro en un autobús a las 23:30h camino de Motril, lleno de marroquís, con el lamentable tópico de su olor en conjunto, agazapado en la última fila, hecho un ocho, escribiendo para mi yo futuro y para tu tú actual.

¿Que cómo es que no voy en coche con Carmen?

Responderé por partes.

No voy en coche porque no alquilan coches a devolver en Motril, desde Madrid, al menos a la gente con menos de 2 años de carnet, que es mi caso.

No voy con Carmen porque ha decidido poner fin a nuestra relación.

Sip, la misma cara que calzas ahora mismo es la cara que llevo yo, agazapado en la última fila del bus, sin entender nada, sorprendido por mi destino.

Cuando digo que me sorprende mi destino no me refiero a Motril, que lo he elegido yo, sino a ese limbo en el que me toca habitar mientras se siembra la sombra de la duda sobre mi persona.

Sip, la duda del maltratador.

Mi ahora expareja, Carmen, ha decidido dar finiquito a nuestra relación de pareja porque la trato mal.

Chinpón.
Como suena.

Ante su decisión sólo pude preguntar por qué, y entre las cuatro primeras respuestas citaré las tres mejores:

- No me acompañaste a comprar el coche (estaba trabajando en la oficina)
- Fuiste cabreado a recogerme al aeropuerto hace poco (no manejaba el coche nuevo como ya cité en otra entrada y estaba en la T2 que no conozco, aparcado en 'prohibido', la recibí bailando fuera del coche, nos reímos, saltamos y nos fuimos, fue el día que vi a Fernando López Aguilar)

- No tienes planes de vida compatibles conmigo ni siquiera para ir a Cuenca a la boda de Marta (compañera suya que he visto tres veces, cuarta boda del año con hotel que no puedo costear y a la que advertí no ir tras aceptar la de Ciudad Real, la de Madrid y la de Edimburgo, y que no me apetece, hostias, que nunca digo que no a nada)

Ante estos argumentos, ¡que como todos sabemos bien valen una relación de casi tres años! (más de dos en pareja), no tengo nada que rebatir.

Según ella lo malo es más pesado que lo bueno.

Dice que no le compensa nuestra relación.

Yo me pregunto qué debo haber hecho tan malo para que en la balanza que ella compró no pesen ¡al menos igual! mis esfuerzos desde que nos conocemos por apoyarla en situaciones como la de el ingreso, infarto, bipolaridad y desaparición de su madre, su padre, con su absoluta indiferencia hacia ella, su neumonía, su operación a corazón abierto y sus tres obstrucciones, su hermano, con sus amenazas de muerte sobre la familia política, sus mensajes delirantes, su trastorno de fe, el diagnóstico de brote psicótico y demás problemas familiares que he arrastrado durante 5 largos meses.

Dejo a un lado su operación de mandíbula, su infección bacteriana, su posible cáncer, sus dos cambios de trabajo y sólo uno efectivo, su rotura de rodilla, sus llantos diarios ¡diarios! y cualquier otro apoyo, porque creo que para eso está una pareja, para que en las malas se coma marrones del tamaño de las puertas de una catedral.

Yo lo entiendo así sin pasar por vicaría, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad... y esas cosas de la muerte.
No hace falta casarse para entregarse.

No entiendo qué ha llevado al ser angelical que todos conocemos a comportarse como si hubiera una tercera e imposible persona en nuestras vidas, no entiendo los argumentos tan flojos y Pythonianos... nada.

Es como un mal sueño.
Sólo repite una y otra vez 'perdóname perdóname perdóname'.

Yo no me creo nada, estoy en shock.

Ayer éramos una pareja feliz, la misma de los últimos dos años, vivíamos en lo que llamábamos La Casa de la Risa, la relación era envidiada, hasta que por enésima vez solicité orden, orden y limpieza en la casa.

Dos años luchando por no encontrarme los platos en la pila, por no encontrarme ropa tirada por doquier, utensilios en cajones que no son, puertas de armario abiertas, cocina sin fregar, cajones mal cerrados, comida podrida, y en general las labores de un hogar en el que yo soy la mujer de los años 70 y ella el hombre de los 60.

Sólo he pedido orden, mi única petición de convivencia es la higiene y el orden, el respeto mínimo de la convivencia: repartirse las tareas domésticas.

Ella trabaja, yo no, los dos pagamos por igual, pero las labores de la casa, la compra y la cocina son mi feudo elíptico.

Eso ha mellado tan fuerte su ego que ha obviado en sus valoraciones, al tiempo que reconoce recibir, los piropos diarios, el trato de favor, la comprensión y el cariño, y en general el trato que cualquier dama Disney exigiría.

A pesar de reconocer lo bueno su balanza no pesa igual un 'me cagondios Carmen tienes los armarios que parecen Sarajevo' frente a 3 meses de hospitales, masajes, cariños y esfuerzos.

Carmen asegura que la trato mal.

Yo deseo haberlo hecho, ojalá pudiera arrodillarme y suplicar clemencia, entonar un 'voy a cambiar', pero no, no puedo.

En general recibo comentarios que nos tildan de pareja cuasi perfecta, y hoy no entiendo nada.

Todos cometemos errores, yo el que más... pero ¿dar carpetazo a una relación, con las maletas hechas, porque reprocho la evidente, conocida y persistente desidia a la hora de atender la única premisa de convivencia que imploro?

- Qué guapa estás
- Qué guapa eres
- Cómo te admiro
- Eres increíble
- Me encantas
- Qué suerte tengo
- Eres especial
- Todo lo haces bien
- Ojalá pudiera ser más como tú

Son las frases que como mínimo acompañaban mis hechos A DIARIO.
Ella misma lo reconoce pero no le es suficiente.

Y mis hechos son preparar desayunos, calmar sus lágrimas, animar en el curro, preparar comida, limpieza, escuchar sus inquietudes, esperar en casa en soledad cinco días en semana y disfrutar SU ocio el finde, que no el mío, en nuestro tiempo libre en común.

Yo me pregunto ¿se puede considerar que te trata mal alguien que te habla así y te tiene en tan alta estima?

¿Exigir un único deseo de convivencia 100 veces anuales es mi error?

Puede.

Qué le vamos a hacer, llamadme loco pero me gusta encontrarme las cosas como se las dejo a los demás.

Bueno, pues por eso me dirijo dando bandazos en la parte trasera de un autobús a Torrenueva, casi deseando que se estampe porque empiezo a estar físicamente alterado, debido a que Carmen ha considerado insuficientes mis acciones y extralimitadas mis peticiones.

Chico, es ley de vida, estas cosas pasan, pero ójala hubiera un buen motivo más allá de la pataleta de alguien que no asume sus responsabilidades.

En la boda de Fonsi y Marta pensé en pedirle matrimonio, sé que lo quería, bueno ya no, me pareció que el ambiente lo sugería, luego pensé que no estaba su gente más allegada, pensé que en la de Edimburgo sería más especial, pero pensé lo mismo sobre sus amigos... así que decidí que mejor en una fiesta en casa.

A mí el matrimonio me da igual, pero valorando que su papá había salido vivo de las operaciones, y tan dolido estaba porque Carmen anuló su anterior boda, que quizás una última oportunidad de tener esa sensación positiva entre ellos bien valía que yo hincara rodilla.

Eso y que estaba seguro que era ella, la mejor, la que me hacía sentir diferente, la que había traído la felicidad a mi vida y por la que sentía un amor diferente y más adulto.

Había aprendido a querer bien y no mucho.

Bueno, que me alargo, morcilla que me como, pero bien gorda chico.

Ella sabrá, está 100% segura de su decisión.

A mí me quedan 7 horas para llegar a mi destino y un mes para buscarme otro.

Lo que es seguro es que voy a bucear porque me hace falta la paz que da el mar, y es que el mar, como todos sabemos, está llenito de peces.

:)

La foto la hizo mi madre todo orgullosa en la boda de Fonsi y Marta.
Adivinad por las caras cual de los dos era infeliz con lo que el otro le aportaba.

Qué impotencia más grande siento.

martes, 5 de julio de 2016

¡Y un pimiento!

Hay infinidad de personas mejores que yo, por ejemplo los veganos, ellos respetan las vidas de otros seres vivos a un nivel que yo no puedo... o no quiero, según dicen ellos.

Pero claro, un vegano es mejor que yo sólo en ese punto, en los demás habría que verlo porque igual hay veganos que no dejan propina o no le sujetan la puerta a la gente que va a entrar detrás de ellos, o peor aún, son de los que no tienen los canales de la televisión ordenados.

Es uno de esos topicazos que no soporto, el de que son mejores personas. No comen animales, punto.

Entiendo cierta superioridad moral de cara al especismo o a su respeto por las vidas animales, no más.

Toco este tema, que vuelve a estar en auge, porque sigo una dieta pobre en animales y porque Pepón me escribió ayer para ir a comprar carne madurada.

Pepón reconoce que se comería un oso panda si pudiera, por probar, y creo que yo haría ascos a pocas cosas porque pruebo de todo, pero últimamente la idea del respeto por otras vidas animales me ronda y me ronda.

Se me pasa en cuanto me preparo un pollo al horno o veo un jamón, así que debe ser que nos están metiendo por los ojos esa nueva actitud.
También influye que desde mi episodio de sigmoiditis he asociado la carne a digestiones difíciles.

No sé.

Hablando de colon, Pau Donés parece haber superado su cáncer.
Bien por él :)

Fonsi y Marta se casaron con hashtag y todo: #bodorriomf

La boda fue la más divertida en la que he estado, desde la organización a cargo de un amigo suyo que lo hizo DE LU-JO, a la actitud de los novios, que llevaban la alegría en las venas y tenían claro que eso de que los novios son los que menos disfrutan la boda ¡nanai!

En el momento de los votos me di cuenta de que quizás no tiene mucho sentido salvo de cara a la galería, ambos se dijeron cosas preciosas entre los lagrimones de todos los presentes y los suyos también, pero no se dijeron nada nuevo, nada que no supieran el uno del otro, nada que sus actos no hubieran avalado mil veces.

Debe ser raro decirle a tu pareja delante de 200 personas algo tan tan tan especial que ya se lo dijiste por la mañana entre legañas o dos noches antes muerto de sueño.

Sin duda alguna el amor es la mayor fuerza sobre la faz de la Tierra y en la ceremonia era casi palpable.

Al escuchar las definiciones de esa fuerza, en boca de los que tenían frase en la ceremonia, era inevitable sentirnos identificados en muchas de las situaciones que exponían.

He leído que las parejas que mejor relación disfrutan la basan en dos pilares básicamente: empatizar con sus parejas sea cual sea su preocupación y mostrar interés cuando su pareja reclama atención sobre sus inquietudes, de cualquier nivel.

Parece lógico.

En la boda hicimos migas con la gente de la mesa y algunos ya nos hemos añadido a Facebook, veremos qué tal sale eso 😂.

La #ResacaBodorrioMF, que también tiene hashtag, la pasamos SIN resaca en casa, haciendo el puzle más difícil que nos hemos echado a la cara Carmen y yo, 300 piezas oscuras que hacían una imagen promocional de Matrix.

Tres horas y media de puzle.
Me tocó en una Loot Crate.

Mi amiga Ximena ha bajado de Barcelona para trabajar en Madrid, así que me llamó y quedamos ayer. La casualidad quiso que se topara de bruces con Alicia, otra amiga en común, y que ésta se apuntara también.

Me trajo de regalo un juego de cartas de Alicia en el País de las Maravillas con ilustraciones de John Tenniel, y aunque hubiera sido el palo de un polo chupado me parece que el detalle de acordarse de mí fue el verdadero regalo.

Se vino abajo muy rápido porque estaba cansada, así que no le tuve en cuenta que dijera que los videojuegos no son cultura.

Vino Carmen, Miguel (el marido de Ximena) nos llamó para decirnos que su alumna acababa de ganar el Campeonato de España de coctelería, cerramos la Taberna de Conspiradores de Cava Baja que por cierto cambia de dueño la semana que viene, y nos fuimos a casa.

A las 3 horas Carmen se fue a trabajar a Mallorca para volver esta tarde.
Debe tener más sueño que una cesta de cachorros.

Mientras escribo la entrada me ha llamado el gallego para contarme que ha conseguido un curro en el Museo Reina Sofía como cocinero y a los 15 minutos a mí me ha llegado un mail rechazando mi candidatura para una oferta de empleo.

Bien por él :)

Esta mañana Ximena ha vuelto a negar vía Whatsapp que los videojuegos sean cultura y la excusa de estar cansada no es aplicable, empiezo a sospechar que sea una mala persona o peor... vegana.

sábado, 2 de julio de 2016

Los Caris

Con el gazpacho soy como un perrete chico con hambre, puedo tomar lo que me pongan delante hasta reventar, sin medida.

Desde el primer día que hice he calculado unos 18 litros, en 21 días, y en la nevera esperan otros 2.

Validé físicamente mi cuenta de Car2Go, así que ya puedo coger un coche de estos cuando me apetezca... y esté dentro de la M30... y haya alguno en la zona... y tenga batería...

Como la validación la realicé en el Intercambiador de Principe Pío aproveché para pasar por Zara y comprarme una camisa, para la boda de Fonsi y Marta aka Los Caris.

Es hoy, sábado 2 de julio.

La que tengo para el traje, la que usaba para currar en ocasiones especiales, me queda pequeña.
Dos años: una talla.
Vaya progresión.

Le pregunté al propio de la tienda (de unos 49 palos) dónde estaban las camisas que había visto el día anterior, porque en su lugar había unos bañadores, y me respondió esta perla:

- Aunque ayer la vieras aquí está en el almacén, porque estamos sacando toda la mierda de la temporada pasada que no ha querido nadie para las rebajas.

Analicé el engaño en soledad, sorprendido ante el exceso de sinceridad, mientras me probaba la nueva talla que me iba perfecta.

Un dato que no he apuntado es que para probarme la camisa se me ocurrió ponerme el traje completo, salvo por los zapatos y los calcetines que decidí sustituirlos por alpargatas y tobillo romano, así que todo lo que os cuento sucedió conmigo trajeado al estilo ibicenco de luto, a 39ºC a la sombra, con caminata de un kilometro incluída.

Frío no pasé, ni en los tobillos.

Quedan 6 días para irnos a la playa.
Estamos deseando irnos al paraíso de la medusa, a tostarnos mientras leemos, a aperitivear al estilo granadino, a bucear con los pulmones reciclados de haber abandonado el tabaco, a que Carmen estrene máscara, jacket y aletas, a dormir siesta y ver bien.

Lo de ver bien es porque en Torrenueva no me pongo las gafas.
No sé si es porque las distancias son grandes y mirar al horizonte me alivia la hipermetropia y el astigmatismo, o que estar cambiando de gafas entre las de sol y las de ver es tan coñazo que mis ojos se adaptan para evitarme trabajo.

Lo de la siesta también es milagroso, porque yo odio dormir y allí no me salto una.

Yo no lo voy a llamar vacaciones porque tendría los cojones muy gordos, pero para Carmen si que lo son.
Respect.

Íbamos a haber bajado con Damien y Elías el primer finde, pero al final no ha podido ser por el curro de Damien.
Aun así haremos intercambio de coches, porque el suyo es más grande y porque entre Carmen y Elías tienen un chanchullo de gasolina que arreglar.

Por mí guay que adoro ese coche y en el maletero nos cabe todo.

Cuando Carmen cambió de coche, del de empresa al personal, sacó todo del antiguo para pasarlo después al nuevo: chalecos, pinza para el GPS, linterna, mantas, una ficha de plástico que uso para los carros de la compra si voy al supermercado y no llevo un euro suelto, bolsas, paraguas.
Lo normal.

Ayer fui a la compra.

Que sepáis que 100gr de Campurrianas de Cuétara tienen 455kcal y 100gr de galletas integrales 445kcal.

Puede que lo integral no sea sinónimo de light, pero con este dato no me como yo una galleta integral en la puta vida habiendo campurrianas.

En la foto tenéis que adivinar quién no ha pasado las cosas de un coche al otro y quién le ha sacado partido a la argolla del llavero.

Me voy a arreglar, que hoy los Pichuchis celebran la boda de los Caris y los arcoiris no se vomitan solos.