domingo, 10 de julio de 2016

Casiopea

Tras un viaje agitadillo finalmente llego a Motril.
Hubo hasta un rezo en la madrugada, o era un politono árabe, no lo sé, pero se os hubiera quedado el culo torcido a las 3h de la mañana si escucháis eso.
Después hubo cambio de conductor, y el nuevo pidió a los que supieran llegar a la estación de autobuses que se sentaran a su lado para indicarle.
ALSA por dios, cómprale un GPS a este señor.
Agradezco el viaje porque ya tengo una anécdota más.

Me siento en la calle a las 5:30h junto a mis dos maletones y asumo las dos largas horas de espera.

Me llama Carmen.

No le queda otra que llamar si quiere hablar conmigo porque he decidido bloquear cualquier comunicación escrita con ella, creo que no merezco otra cosa que palabras al oído o a la cara, y aunque escribir puede ayudarla a expresar un pensamiento he decidido que lo mejor para mí es hacerme respetar un poquito.

Aquí viene el giro dramático de la situación.

En su llamada retira que yo la haya tratado mal, asegura que no lo ha dicho nunca, me exculpa y elimina mi responsabilidad en los hechos.

Yo creo que en pareja los porcentajes totales no existen, pero vale.
Escucho.

Al parecer no se encuentra bien, dice estar desbordada por su situación familiar, cree identificar una depresión en sus actos y en sus pensamientos que al parecer son muy negativos.
Dice no reconocerse.
Yo tampoco la verdad.

Asume que no fue capaz de comunicarme lo que la afectaba, tanto externamente como por mi parte, que lo acumuló y explotó, llevándome por delante.

Que siente haberme hecho daño, que no sabe si podré perdonárselo, que no quiere hablar con nadie, que todo lo ha hecho mal.

Claramente tiene pensamientos negativos, pero al menos yo obtengo una explicación más lógica que las del aeropuerto, el coche o la boda que me daba ayer.

Aunque dice que va a apoyarse en profesionales, porque cuando uno tiene un catarro va al otorrinolaringólogo y si tiene un catarro mental va al psicólogo, no parece recular en su decisión.
Sigo sobrando en su ecuación.

Yo sigo muy descolocado.

Mi sensación es que a ella le ha superado una situación, y en lugar de enfrentarse a los que la han provocado ha decidido llevarse por delante a su apoyo.

Es como si llego tan muerto de sueño a casa que rompo la cama antes de echarme.

Es mi sensación.

También creo que si en todo mi apoyo cometí errores merecía ser advertido, para mejorar o para dar explicaciones, hubiéramos ganado todos.

Tras casi una hora acabé dándole consejos para que se calmara, se tranquilizara y se apoyara en sus amistades, que no se regodeara en su mierda, que no iba a servir mas que para que sus cercanos pensaran que está llamando la atención, y para que los amigos le reprocharan su falta de confianza en ellos.

Ahí estaba yo, en la puta calle literalmente, con mis dos maletas, de madrugada, dando consejos telefónicos a quien me había dejado en la puta calle metafóricamente, con mis dos maletas.

Mi sino.

Desde luego lo último que esperaba era que la persona en la que más confiaba cogiera mi hogar y esa confianza y las triturara de un mazazo.

Tras escucharla entre llantos y sollozos decido finalizar la conversación, le deseo una pronta mejoría y me voy a tomar un café.

La Cafetería Johnny había abierto.

Cojo por fin el bus, llego a Torrenueva, organizo mis maletas en los armarios y activo el protocolo de actividades evasivas.

Me acerco al centro de buceo, reservo inmersiones para mañana lunes, para dos personas, y es que mi amiga Sonia se baja a verme por petición de su marido.

Monumento a ese hombre YA.

Desayuno frente al mar.
Me acerco a la playa a tomar el sol y a leer.

No hay peligro, me embadurné en protectores solares al salir de casa.

Entre capítulo y capítulo hacía fondos, también abdominales, y me refrescaba en el mar que estaba cristalino.

Tengo tanto miedo a las medusas que sólo me metía hasta la cintura.

Había dos mujeres cerca de mi toalla que seguramente disfrutaron el show del culturista cultureta blanco como la leche que se metía hasta la cintura en el mar.

No creo que interpretaran que estaba temeroso de las medusas, seguramente pensaron que el culturista cultureta blanco como la leche se estaba meando en la puta orilla, el muy guarro.

Terminé el libro.

Leí unas cuantas muestras de apoyo en mi teléfono, algunas inesperadísimas pero en general todas muy cariñosas, a las que respondí que estaba bien porque al menos tenía una explicación más lógica que medio día antes.

Me tomé unas cañas con tapa, solito, me bañé en la piscina, cambié de libro, luego tome cañas acompañado de unas amistades de por aquí, volví a casa a echarme una minisiesta, ayudé a las mismas amistades a bajar comida y bebida a la playa para celebrar el cumpleaños de uno de ellos y hasta las 6h no volví a casa.

Estaba tranquilo, al menos tenía una explicación.

Tenía una explicación.

Aha.

...

Me he despertado enfadado.

Ayer tenía una explicación, pero por lo que sea hoy no me vale.

Me siento mal, quiero la hoja de reclamaciones, esto no es lo que yo había pedido y no es por lo que yo he pagado.

Creo que 'la señora de la que usted me habla' no es consciente de la magnitud de su impulsivo acto.
También empiezo a pensar que de impulsivo nada.
Creo que me han timado...

Me voy a tomar una tapa.

En el libro Momo camina despacio por la calle Jamás junto a la tortuga Casiopea, y cuanto más despacio camina por ella más rápido avanza.

Creo que es un mensaje.

Creo que es claramente un mensaje oculto y debo descifrarlo... si me deja el cabreo de mono que llevo en lo alto.

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